«Asociaba el autismo a Sheldon Cooper. ¡Menuda sorpresa en el momento en que me enteré que era autista!»

«La única cosa que me puede distinguir de ti es que tengo un diagnóstico de TEA 1». Así de clara y honesta se muestra Beatriz de Caralt , divulgadora autista, en esta entrevista tras su participación el pasado tres de diciembre en Chiclana (Cádiz) en el acontecimiento ‘Autismo en primera persona’, organizado por el centro de sicología y logopedia Forma con ocasión del Día Internacional de las Personas con Discapacidad . Y es que Beatriz es «una mujer corriente de cuarenta y seis años -como misma se define-, madre de una adolescente, pareja de un hombre maravilloso», que cotiza «desde los veinte años» y que trabaja «como secretaria jurídica desde hace 19». Ignacio Pantoja , de treinta y ocho años y divulgador asimismo, fue otro de los comunicantes en el acontecimiento. «Durante mi vida he estado estudiando», explica el joven a ABC. Y es que Ignacio es biólogo, tiene un máster de neurociencias y desde dos mil dieciseis estudia Farmacia. Grandes logros pese a tener diagnosticado un Trastorno Extendido del Desarrollo (TGD) tipo Asperger . Noticias Relacionadas estandar No «A los profesores se les olvidaba entregarme el examen en USB. ¡Y encima se enojaban!» Ana I. Martínez estandar No Los hermanos de pequeños con discapacidad tienen una mayor empatía cognitiva A pesar de lo que muchos puedan meditar, ser autista no es tener enfermedad alguna. « TEA es el acrónimo de Trastorno del Fantasma Autista, un trastorno del neurodesarrollo que me hace procesar mis experiencias y percepciones de una forma diferente al neurotipo, en mi caso en un grado 1», explica Beatriz. «Y sí, como probablemente muchas de las personas que estén leyendo esta entrevista, solo asociaba el autismo a Rainman o a Sheldon Cooper . ¡Menuda sorpresa me llevé en el momento en que me enteré de que era autista! ¡Debí ponerme las pilas deprisa y corriendo!». Fue hace un par de años cuando se lo diagnosticaron. «A mis cuarenta y cuatro añazos», reconoce esta secretaria jurídica. «Y fue un alivio -continua-. Por fin hallé contestaciones adecuadas a mis preguntas, que no eran pocas… El por qué muy frecuentemente me sentía fuera de sitio, por qué de súbito no tenía fuerzas para charlar, por qué tenía picos de ira y me ponía a chillar, por qué en ocasiones no podía proseguir ciertas conversaciones, y un montón de etcéteras. Muchas cosas comenzaron a tener sentido». La relevancia del diagnóstico Hasta ese instante, Beatriz vivió bajo la más absoluta incomprensión y con la sensación de que no encajaba. «Al lado de la definición de enmascaramiento debería salir mi fotografía. Soy la mejor actriz social con la que te puedes encontrar. ¡Y sin saberlo!», bromea. Hasta su diagnóstico, «me comportaba de forma diferente en todos y cada conjunto de amigos para amoldarme. Era, y soy, absolutamente camaleónica. Y sí, sentía que no encajaba. Me agradaba jugar sola. Tenía conjunto de amigas mas no sensación de pertenencia. Además de esto, charlaban de temas que me interesaban entre cero y nada». «Sentía que no encajaba. Me agradaba jugar sola» Beatriz de Caralt Exactamente la misma liberación sintieron Ignacio y su familia, cuyo diagnóstico le llegó con diecisiete años. «Fue cuando por fin pude comprender muchas cosas que no entendía de mi vida», reconoce. Hasta ese momento, se percataba de que la manera que tenían de relacionar sus compañeros de clase con él no era exactamente la misma que con el resto. «Yo padecí acoso escolar y el resto no, eran unos tiempos en los que me sentía descuidado y maltratado en el colegio». En verdad, su niñez y adolescencia fueron, según él mismo reconoce, «terribles. Tuve poquísimo acceso a hacer amigos y la mayor parte de las veces fui maltratado por mis semejantes. Sin mis progenitores no hubiese salido adelante», confiesa el joven. «No he sabido hallar trabajo y verdaderamente necesito apoyo para vivir -continua Ignacio-. Estudio Farmacia para poder localizar un trabajo fijo en algún pueblo de España donde haya menos gente que en la capital de España, ya que las grandes urbes me agobian mucho por todos y cada uno de los estímulos que hay, me abruma la cantidad de gente. Me agrada estar solo y sosegado la mayor parte de las veces», narra Ignacio, que demanda una sociedad más inclusiva con los que tienen discapacidades psíquicas. «Hemos mejorado mucho con la lucha feminista y el colectivo LGTBI, mas mientras que no interesemos a los partidos, no nos van a ayudar mucho. En nosotros, los activistas, está dar voz al colectivo y hacer que nos tomen en serio», asegura. Una rutina agotadora En su día a día, y si bien no lo parezca, Beatriz lo pasa muy mal. «En el autismo se acostumbra a dar un desorden de integración sensorial. Afirmemos que, en mi caso, no es lo que me pasa, sino más bien de qué manera me pasa. Yo tengo un perfil sensorial elaborado por una terapeuta ocupacional que me señala que tengo una hipersensibilidad auditiva y olfativa por encima de la media y que mis sistemas procioceptivo y vestibular andan asimismo regular». Para ella, ir en transporte público a trabajar se transforma en una genuina pesadilla. «Puede terminar conmigo sensorialmente: gente en masa hablando, con el móvil, oliendo extraño. Yo absorbo todos esos estímulos, no los puedo encauzar y comienzo a sentirme mal», explica. «A eso añádele una falta de equilibrio natural que crea una sensación de mareo muy desapacible y de riesgo que me hace estar en hiperalerta todo el trayecto», continua. Llega al despacho «sin energía». En su puesto, además de esto, las cosas tampoco son simples. Hay que agregarle «la barahúnda de llamadas de teléfono, puertas, impresoras y destructora (es que lo tengo todo al lado) y ya terminas conmigo. Ese día voy a llegar a casa y no me voy a poder desplazar. Textual. Voy a entrar en mutismo y no voy a tener fuerzas ni para organizar cenas, ni para ponerme el pijama ni para gozar de nada». Así es su día a día. «Sufrí acoso escolar. Me sentí descuidado y maltratado en el colegio» Ignacio Pantoja Por eso, decidió prescindir del transporte público e ir en turismo a trabajar. «Me cueste un pastizal, ya que he de abonar peaje de ida y de vuelta. Mas me compensa», asegura. Esencial es para ella, asimismo, saber de qué manera administrar su día a día. «Gracias al diagnóstico y a la terapia ocupacional, he adquirido herramientas para encauzar toda esa sobrecarga sensorial. Es esencial que una persona con diagnóstico de autismo se haga su perfil sensorial», asegura. El buen diagnóstico, en verdad, es esencial. «No es un proceso simple y, además de esto, es doloroso», asegura la joven. «Es ahondar en una vida construida a base de patrañas y de frustración por no haber tenido la ocasión de poder ser. Mas sí, es esencial enfrentarse a la verdad y echarle valor. De edificar una vida para regresar a nacer. Es bastante difícil mas con instantes muy bonitos», asegura a este diario. Y es que, como Beatriz no ha sabido hasta hace bien poco qué le pasaba y por qué, no ha gozado de una niñez, adolescencia y una parte de su vida adulta. «Ha impedido que sepa quién soy. Mi esencia la tengo clara y en eso no he alterado ni deseo. Mas el estimar tener sensación de pertenencia ha hecho que sea una persona sumisa para eludir el rechazo y gustar a el resto sin meditar en mí, y no saber poner límites. Siempre y en toda circunstancia había pensado que había algo malo en mí y que debía ocultarlo a fin de que absolutamente nadie se diera cuenta. Y lo hice realmente bien. Solo me ha costado una parte de mi salud mental», reconoce emocionándose. «Pero estoy contentísima y estable desde el momento en que me conozco -continua con lágrimas-. Día tras día doy un paso y abro una nueva puerta al autoconocimiento, que la final es lo que me va a dar el poder». MÁS INFORMACIÓN nueva No Un día con la Educación Especial: «Saber solicitar un refresco es más esencial que aprender a dividir» nueva No Las personas con discapacidad reclaman los valores para apresurar su inclusión sociolaboral en dos mil veintidos nueva No Señales que te asisten a identificar si tu hijo tiene autismo y terapias de mejora nueva No «Los pequeños autistas se alteran al estar en casa y son bastante difíciles de manejar» Desde el mes pasado de octubre, el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda dos mil treinta aprobó un nuevo baremo que ha supuesto un cambio substancial para las personas en el fantasma del autismo pues recoge particularmente las peculiaridades nucleares del trastorno del fantasma del autismo (TEA); algo que los perjudicados llevaban demandando prácticamente una década. «Era necesario», apunta Beatriz. «Aunque pueda parecer banal, hay una cosa que a quienes estamos en el fantasma nos supera: las colas -continua-. Eso nos genera una sobrecarga sensorial monumental. Y es cierto que el tema de las colas y discapacidad lo tenemos asociado a pequeños y parques de atracciones mas con la discapacidad asimismo tienes preferencia en las colas de facturación de los aeropuertos y no sabes de qué manera se agradece. Por no charlar de que, como adultos trabajadores, nos viene realmente bien el tema de la retención en el IRPF. Y después tenemos el acompañamiento terapéutico, claro. En mi caso privado por el hecho de que no me puedo permitir el lujo de que me atiendan una vez cada un par de meses y por el hecho de que escuchas cada historia por ahí que amedrenta, y mucho».

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