Por qué tu bebé no desea dormir en su cuna y otras claves del sueño infantil

Quienes hayan sido progenitores y madres últimamente, ya se habrán encontrado con la dura realidad de de qué manera es el sueño de un recién nacido. Otras familias, en cambio, es posible que lleven años sin dormir del tirón por el hecho de que su pequeño tiene continuos despertares. Y es que el sueño es una de las mayores preocupaciones en nuestra sociedad actual y las dudas asolan a las familias constantemente: «¿Le dejo plañir?», «¿Por qué no duerme toda la noche?», «Ha comido, está limpio y no se duerme, ¿qué puedo hacer?»…

Con el fin de contestar a este género de preguntas, María Berrozpe, doctora en ciencias biológicas por la Universidad de Barna y máster de Investigación social de la comunicación científica por la Universidad internacional de Valencia (VIU), ha escrito «La ciencia del sueño infantil» (Oberon). La autora lleva muchos años sumergida en el estudio y el análisis de la literatura científica y divulgativa sobre el sueño infantil y, en esta obra, especifica todas y cada una de las claves sobre de qué manera duermen los más pequeños de forma entretenida y precisa.

– Los progenitores primerizos, al salir del centro de salud, se van felices con su bebé a casa. No saben lo que les espera. ¿Cuál es el primordial fallo que cometen? No comprenden por qué no duerme si ha comido y está limpio. ¡Y tiene una cuna nueva a estrenar!

El primer fallo lo comenten antes del nacimiento, preparando una habitación para el bebé independiente y separada de la habitación donde duerme la madre. El hábitat del bebé va a ser el cuerpo de su madre a lo largo de los próximos meses, día y noche, así que lo más práctico y cómodo es preparar la habitación donde duerme la madre a fin de que esta y bebé colechen seguramente y, en el caso de convivir con la pareja sentimental de la madre (en la mayor parte de ocasiones el propio padre del bebé), preparar una habitación para la amedrentad de la pareja, donde los dos puedan retirarse cuando el bebé está reposadamente dormido en condiciones de seguridad, si eso es lo que a ellos les resulta más agradable y cómodo.

– Lactancia materna: «Está todo el día a la teta, solo se duerme con la teta». Lactancia artificial: «Es darle el biberón y se queda frito pues se queda harto. Soporta toda la noche». ¿Qué hay de determinado en esta clase de comentarios que, aun, ciertos sanitarios prosiguen conservando?

La investigación no apoya con patentizas concluyentes que los bebés de teta se despierten más de noche que los de biberón, mas sí se ha visto que las madres que dan el pecho son más sensibles a su hijo y, por ende, registran más habitualmente sus despertares nocturnos, lo que da la falsa sensación de que estos bebés se despiertan más.

Dormir al bebé a la teta es la forma natural que tienen los mamíferos de «dormir» y sosegar a sus crías. El biberón asimismo duerme y calma, mas la digestión de la leche amoldada de otros animales es más pesada, y probablemente esté interfiriendo con que el bebé tenga un sueño de calidad, si bien este parezca más «profundo» que el sueño de los bebés amamantados.

La verdad es que la ciencia ha probado que la arquitectura del sueño de los bebés de biberón es diferente a la de los bebés amamantados, y semeja que los primeros tienen un sueño de peor calidad.

– Para comprender mejor a los hijos… ¿De qué manera es el sueño de un bebé?

El bebé al nacer empieza con un sueño ultradiano, durmiendo cortos periodos de tiempo las veinticuatro horas del día y despertándose, esencialmente, para alimentarse. Poquito a poco el ritmo circadiano natural y social comienza a establecerse, de forma que el bebé empieza a concentrar horas de sueño de noche y reducir las diurnas. A la vez su arquitectura del sueño va madurando: de dos fases (sueño activo y apacible) va a pasar a las cuatro fases del sueño adulto (REM y NREM; la que a su vez consta de tres fases, I, II y III). Todo ello va ocurriendo los primeros un par de años de vida, y se traduce con temporadas de enorme inestabilidad en el sueño del bebé, lo que afecta a la calidad del sueño de sus cuidadores, (primordialmente su madre), especialmente cuando se pretende que el bebé duerma lejos de ella.

-Colecho: ¿qué afirma la ciencia a este respecto?

Hoy día la ciencia del sueño infantil, con la integración de la perspectiva de la biología evolutiva y la antropología, ya no tiene dudas de que la forma natural de dormir del bebé y pequeño es en íntimo contacto con su madre o cuidadores primordiales. Así que el colecho es totalmente recomendable. Solo hay que ser cautelosos en efectuarlo de forma segura, en las condiciones apropiadas. Esto es en especial esencial los primeros meses de vida, cuando el colecho efectuado en presencia de una serie de factores de peligro aumenta significativamente el riesgo de que el bebé padezca una muerte súbita e inopinada a lo largo del sueño.

Diferentes estudiosos, entre ellos mismos con un proyecto efectuado en cooperación con la Universidad Nacional de Educación a Distancia, hemos probado que si bien las familias no planeen meterse el bebé en cama, la enorme mayoría lo va a hacer en algún instante a lo largo de los primeros un par de años de vida, aun los primeros tres meses, que es la temporada más frágil. Por eso es responsabilidad del personal sanitario informar estrictamente a los progenitores de cuando pueden compartir cama con su bebé y cuando no.

Caso de que sí puedan, deben informarles de de qué forma hacerlo a fin de que el colecho sea çómodo para todos y seguro para el bebé. Y en el caso de existir factores de peligro ineludibles (como la exposición al humo del tabaco pre y postnatalmente del bebé, o un bebé prematuro o de bajo peso al nacer, que la madre deba tomar medicación que comprometa su capacidad de despertarse, etc.) deben informarles de opciones alternativas seguras que faciliten el cuidado nocturno del bebé, como las cunitas colecho, por poner un ejemplo.

– El bebé que colecha se lúcida más y toma más el pecho, explica en el libro. Esto tendría dos lecturas: mejor para el bebé mas peor para la madre por el hecho de que le afecta a su reposo ¿no?

Se ha probado que las madres que colechan con sus bebés en el contexto de la lactancia materna duermen más y con un sueño de mejor calidad que las que dan biberón. La lactancia materna y el colecho cambian la arquitectura del sueño de los dos, dejando una sincronización entre madre y bebé que no se genera en otras circunstancias. Sincronización e intercambio de señales entre los dos que es esencial para el desarrollo saludable del bebé.

– ¿Y de qué forma marcha el sueño de un pequeño? Por el hecho de que hay menores que con cinco años, por poner un ejemplo, no duermen del tirón aún.

Existen muchas razones por las que en la actualidad nuestros pequeños no duermen bien. En nuestras sociedades occidentales, ricas e industrializadas, no tenemos un estilo de vida demasiado afable con nuestra niñez. Por poner un ejemplo, las pantallas y demás dispositivos electrónicos, así como las luces nocturnas refulgentes, interfieren con el adecuado desarrollo del ritmo circadiano.

Los horarios laborales de las familias asimismo acostumbran a ser un obstáculo, al prolongar exageradamente la jornada de los menores que deben levantarse demasiado pronto, acostarse demasiado tarde o no pueden hacer una siesta que precisan pues a la hora a la que tienen sueño les toca estar en el cole o en una actividad cualquiera. Por no charlar ya de la carencia de presencia de los progenitores a lo largo del día, que muchos pequeños tratan de compensar a base de reclamos nocturnos, singularmente en las familias en las que se les ha impuesto el sueño a solas. «No veo a mi mamá por el día y ¿tampoco podré estar con ella de noche?». Eso es, sinceramente, brutal para la niñez.

– Despertares nocturnos, terrores nocturnos… ¿por qué se generan?

Depende de las circunstancias. Los despertares nocturnos son acontecimientos naturales y saludables a todas y cada una de las edades. En las circunstancias inmejorables, tanto pequeños como adultos, en seguida volvemos a entrar en el sueño, tras una corta incursión en la vigilia que nuestros ancestros usaban para cerciorarse de que su ambiente aún era seguro y podían continuar durmiendo.

Mas a veces estos despertares se transforman en un auténtico inconveniente que no deja al pequeño dormir lo que precisa, y lo mismo ocurre cuando se presentan en demasía parasomnias como los terrores nocturnos, las piernas inquitas o las pesadillas. En general estas condiciones no requieren demasiada atención si ocurren esporádicamente, sobre todo a determinadas edades, mas cuando ya se regulan y extienden en el tiempo es preciso preguntar con el pediatra para descartar nosologías que puedan estar causándolas, como por poner un ejemplo la carencia de hierro que está asociada al síndrome de las piernas inquietas. O una jornada diurna exageradamente agobiante que pueda estar causando los terrores nocturnos o a las pesadillas.

– ¿Qué soluciones, opciones tienen esas familias que llevan años sin dormir pues sus pequeños no duermen bien? Al final, la falta del reposo afecta a todos ¿no?

Por norma general cuando hay un inconveniente de sueño familiar lo primero es descartar un inconveniente o nosología físico que esté interfiriendo con el establecimiento del sueño del menor. Cuando esto se ha comprobado, y vemos que no hay nada (un inconveniente de apnea del sueño, por poner un ejemplo, o un reflujo gastroesofágico) acostumbra a tratarse de un desequilibrio entre lo que la familia demanda en lo que se refiere a las condiciones de sueño (horarios, sitio, a solas, etc…) y lo que el menor precisa para dormir bien (levantarse después, acostarse más temprano, no estar expuesto a pantallas desde una hora, dormir en compañía de su madre, etc.).

En un caso así, un buen profesional de la salud (los inconvenientes de sueño familiar siempre y en toda circunstancia han de ser tratados por profesionales de la salud preparados y especializados para esto como médicos, sicólogos, enfermeros, etc. y no entrenador o personas con incierta capacitación que ofrecen soluciones fáciles y veloces con mucho márquetin mas poco fundamento) puede asistirles a hallar ese equilibrio.

A veces, el establecimiento de unos hábitos de sueño saludables —como por servirnos de un ejemplo nada de cenas tardías ni pantallas o luces refulgentes dos horas ya antes de ir a dormir, exposición a la luz solar a lo largo del día con actividades al aire libre siempre y cuando resulte posible, darle espacio a las siestas del pequeño a las horas que lo precisa, procurar que prosiga el ritmo natural del sol todo cuanto resulte posible, etc.— acostumbra a ser suficiente.

A determinadas edades, dejar que duerma al lado de su madre asimismo ayuda mucho, si bien los pequeños que se vieron forzados a dormir a solas acostumbran a haber desarrollado ya una falta de confianza y un estado de «activación» que les impide dormirse tranquilamente, por el temor de que, al hacerlo, mamá se irá otra vez. En estos casos hay que regresar a ganarse la confianza del pequeño, que en algún instante se percatará de que mamá no se va si bien se duerma.

Obviamente, en el momento en que un bebé o pequeño no duerme, los progenitores tampoco. Por eso es esencial que las familias tengan la libertad y la información que les deje hallar la mejor solución para sus noches, si bien eso suponga pasar sobre determinantes culturales (muy naturalizados mas muy conflictivos), como el sueño a solas. Que los pequeños deseen dormir con su madre no es ni un desorden ni una nosología. Es el comportamiento natural para el que están programados. El desorden, o nosología, lo tiene una sociedad que ha demonizado algo tan fantástico y saludable como es dormir juntos, madres (y progenitores) e hijos. Un comportamiento indispensable para la supervivencia de las crías primate y, en consecuencia, grabada a fuego en el DNA de nuestras crías.

– Para finalizar, ¿tenemos un inconveniente con los adolescentes y el sueño? Si no duermen lo preciso, ¿de qué manera les afecta?

Sí, lo tenemos. Ciertos autores lo llaman «la tormenta perfecta». Y es que, por pura fisiología, los adolescentes padecen un retraso de su ritmo circadiano que les impide dormirse pronto, mas prosiguen necesitando dormir cuando menos unas nueve horas, por lo que por la mañana tampoco están para levantarse a la hora que deben si no han conciliado el sueño a las 22:00 o a las 23:00 horas como muy tarde.

Si a esto agregamos que en la vida moderna se van a la cama conectados a sus tabletas y teléfonos, lo que aún interfiere más con su capacidad para dormirse, y al día después deben levantarse a las 06:00, siete :00 u 08:00 para ir al instituto, tenemos una situación en la que el insomnio está prácticamente garantizado.

Y sí, esto tiene consecuencias en la vida de los adolescentes. Los estudios han probado que retrasar la entrada en los institutos e institutos reduce los accidentes y los inconvenientes de comportamiento, al paso que el desempeño escolar mejora. Esto se sabe ya desde hace unos años, mas prosigue sin reflejarse en los horarios escolares de los jóvenes, lo que es una auténtica pena por el hecho de que a esta edad dormir bien es esencial para su salud física y sensible, ya que su cerebro y el resto de su cuerpo experimenta cambios fundamentales

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